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31

Jan

Combatiendo en la paz

*Esto lo escribí hace tiempo, mucho tiempo, pero vale, no?

** significa que es una pequeña modificación al original.

Nuestras vidas perecieran que estuviesen encerradas entre los linderos de dos parcelas totalmente opuestas. Parcelas que son la contraposición de cada una y que se encuentran divididas y unidas por un río. En esas parcelas están ubicadas dos grandes haciendas: La paz de un lado  y  la guerra del otro.

La paz, es una especie de Hacienda Altamira en la que reina lo bueno, lo correcto, lo incorrupto, la tranquilidad, el trabajo, el progreso y cooperación; aquí la vida es como un jazz ligero en una noche estrellada a la orilla de la playa. La guerra en cambio es el hato El miedo. Se ubican los conflictos, la maldad, la desigualdad entre las personas, las penurias y el estancamiento social;  ** para algunos el soundtrack de este este terror es alguna “changa tukky” , para otros cualquier canción de Arjona y otros más, cualquiera que implique cantantes vestidos de negro y con puyas decorando sus muñecas.

Nuestras acciones siempre están insertas dentro de algunas de éstas categorías. Somos divididos en pacíficos o en violentos. En el transcurso de nuestra existencia se nos instruye sobre los beneficios de la paz. **Es en paz que podemos llevar a cabo todas nuestras actividades y encontrar la tan ansiada felicidad. En la guerra no. En la guerra estamos expuestos a dificultades, penurias, problemas, calamidades; sólo nos conduce a la muerte.

Al hablar de guerra, automáticamente nos imaginamos ejércitos dirigiéndose a la muerte. Armas potentes, estrategias de combate, mujeres llorando a sus hijos, soldados invadiendo el miedo de otros soldados. Pero la guerra no es sólo eso, es así como la tenemos concebida. La guerra se sumerge en otros mares de la vida. De hecho, la vida es toda una guerra, sino no estaríamos en búsqueda de la paz espiritual.

Todos los días libramos una batalla, nueva o vieja. Pareciera que en nuestra sociedad la mejor manera de surgir en la paz es a través de un constante combate. Se dice que en diferentes situaciones de la vida, hay que asumir una actitud guerrera. Es decir, ¿Hay que actuar violentamente? ¿Utilizar armas potentes? Probablemente si. Dejar el miedo atrás puede ser considerado en algún momento como una decisión violenta. Plantarte frente a tu jefe para solicitarle un merecido aumento a través de un discurso sólidamente argumentado puede ser un arma potente.

Entonces, ¿Es mala la guerra? ¿Es correcta la paz? ¿En que parcela es mejor vivir? ¿Esa división es falsa? O mejor dicho, ¿Por qué encerramos a nuestras acciones, estratos de vida, momentos peculiares o situaciones particulares en  las parcelas de la paz o la de la guerra? En vez de tratar de encasillar a nuestra vida, personas o situaciones en las famosas parcelitas, deberíamos montarlas en una balsa y mandarlas a navegar en ese río que divide y que vez une. Puede parecer arriesgado, loco, simple, insulso, irresponsable. No tener barreras, y simplemente dejarnos seducir por el vaivén de la corriente y la música, que seguramente es más pacífico, que nuestro combate diario en la paz.

**Como dicen: “Si quieres paz, prepárate para la guerra”.