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19

Apr

…pero no me digas nunca que soy Martes.

No me gustaría ser un martes. Es un día sin propósito, sin sentido. Inservible, o mucho peor, olvidado. Si analizamos, cada día de la semana tiene una misión o por lo menos una razón de ser, menos el martes, claro está.

Los lunes. Oh! Desdichado día!! Pero no es tan malo, es el comienzo de semana, te da la oportunidad de comenzar de cero, hacer borrón y cuenta nueva. Bueno, técnicamente es el segundo día de la semana pero para fines prácticos es el primero.

(Salto intencional)

 Miércoles. Atravesados, no están ni acá ni allá. La mitad de la semana, justo en el medio. Razón de alegrías y apuros: “Ya se acaba la semana. Estamos justo en la mitad. Muévanse”.

El jueves, este es para mí, el mejor día de la semana. Llámame loca, pero la palabra jueves suena feliz, a actividad, tequila. Suena a música, buena música. Una noche de jueves es casi sublime, sabes que la semana laboral se acabará al día siguiente, pero no te interesa y decides, servir otra copa de vino, montarlos pies descalzos en la butaca del local, relajarte y dejarle la carga al viernes.

Si, viernes. Quizás es uno de los días más queridos por su mezcla de emociones. Sabe a tráfico, caos, desorden. Suena a pasos apresurados sobre el asfalto, a gritos y dedos escribiendo rápidamente sobre teclados en una sala de redacción. Sabe a comida chatarra, a perros calientes de pan húmedo y salchichas de origen misterio. Huele a cerveza, vino y vodka. Cuando cae la noche suena a estridentes risas, a cornetazos, a colas y a más risas. Suena al “Cachin” de cajas registradoras  de locales, tabernas, discotecas y restaurants. No, no me enamoro los viernes. Quién se puede enamorar un viernes con tanto alboroto?

Sábados de relajo. Hey! de relajo (en criollo: bochinche) no de relajarse. Si vas a un curso, al trabajo, o a alguna práctica deportiva, lo haces como alborotado. (Todo dependiendo del ratón producto del viernes). Los sábados son el preámbulo al fin, pero guarda esperanza, todavía se puede ser feliz, si eso me dijo un sábado.

Y con los domingos sólo te puedes percatar que ya no hay vuelta atrás. Se acabó todo. Es el tapón de la botella vacía. Vas al cine, te aburres en tu cama, lees el periódico en el suelo de la sala, comes sopa, o no comes nada porque nadie quiso cocinar o salir a la panadería. El domingo es perfecto para ser un completo vago. ¿La excusa? Mañana es lunes.

Pero ¿Qué pasa con ese día que me salté? No pasa nada, por eso me lo salto. Nadie recuerda un martes y si lo hacen es sólo por ser 13. Es decir, por la mala suerte. Cuando no es 13 simplemente nadie le recuerda. El martes viene y se va sin ser visto, sin importar, sin dejar huella, sin ocasionar molestia.

Dime que soy molesta como un lunes, aburrida como un domingo, estridente como un viernes, divertida como jueves, atravesada como miércoles, pero no me digas nunca, que soy Martes.