13
Aug
Por un papel…
Uno. Dos. Tres horas o días. Quizás. No esto no es un post sobre decepciones amorosas, dudas o frustraciones. Bueno, tal vez si
Todo comenzó un lunes. ¿Locación? Estado Vargas. Población de Venezuela conocida por sus altas temperaturas, camioneticas por puestos destartaladas y mujeres que andan con rollete -*más abajo explicaré esto- en plena avenida.
Una mortal como yo para llegar a la civilización, al mero centro comercial de este Estado, debe tomar- al menos- un autobús, si esos que son conducidos por señores codiciosos que no dudan en recoger pasajeros hasta que la “unidad” esté rebosante de piel, niñitos gritando, señoras con bolsas de mercado y adolescentes hormonales. Si, esas camioneticas en cuyo reproductor de sonido solo se encuentran dos CD, uno de reggeatón barato y otro de salsa erótica.
Bueno, volviendo al punto, ese lunes tenía que tomar dos –léase bien, DOS- camionetas para llegar a mi destino. Cola. Gente. Paradas. Vendedores ambulantes. Ceder el asiento. Volver a sentarse. Todo esto matizado por 46º de sensación térmica, solo eso. La humedad supongo que la determinaba la cantidad de sudor que brotaba de nuestras frentes.
Una hora y media después. Es decir 12:15, llegué a mi destino. Casco histórico de La Guaira. Por una de sus callecitas queda la Jefatura Civil. Si, mis padres nacieron por allí, cerca y necesitaba sus Partidas de nacimientos, bueno, actualizarlas, y solo se puede hacer en esa oficina. Pues. 12:15. La puerta, como me temía, estaba cerrada. En la portezuela de madera maltrecha había un cartel que rezaba: “Horario corrido de 8:00 am a 3:00 pm.”
Ya va. Horario corrido. 12:15. Puerta cerrada. No, no entiendo.
No lo entendía yo y tampoco lo hacía el señor de unos 70 años de sandalias de hule o la pareja joven con un bebé en brazos.
Nadie a quien preguntar. Chévere. Frustración número uno. Debí saberlo. El señor, la pareja y yo intercambiamos miradas, arrugamos el ceño, nos encojemos de hombros, reímos irónicamente, leemos el letrero. El señor me pregunta la hora. “12:20”, le digo. El chamo con el bebé en brazos le hace señas a su esposa y ella toca la puerta. Nada. Toca otra vez. Yo me limito a ver el letrero. “Horario corrido”, que risa, no(?).
Suena un crack y rechina la puerta. –A todos se nos dibujaron sonrisas-
Se asoma a señora bajita que nos ve por encima de sus lentes. “Alguno viene para asuntos de la LOPNA?”, pregunta en tono respectivo de funcionario público. Tras la reja –ah! No lo dije, antes de la puerta hay una reja, ya sabes, la inseguridad y todo eso- nosotros, casi en unísono decimos que no. “Vienen por partidas de nacimientos, matrimonio o defunción?”, pregunta otra vez con el tono. “Si”, esta vez sí en unísono.
- Ay no, se tienen que esperar hasta la 1 o la 1:30 a que el muchacho vuelva de almorzar.
(Frustración número dos)
Espera. Y el horario corrido? Almorzar? Un solo funcionario? No, no entiendo.
Todos apabullamos a la señora con preguntas de este tipo. Y ella dijo que el letrero es únicamente para personas que van para resolver asuntos con la LOPNA. Claro, cómo no lo pensamos. Esperaremos, supongo. Veo el reloj. 12:30. Solo queda media hora (o una, depende del tiempo de digestión del “muchacho”)
La pareja decide ir hasta la plaza cercana –Plaza Vargas, por cierto- a esperar y a comprar algo para beber. El señor de sienta en un saliente de la pared. Yo lo imito. Desde allí podía ver el mar y a unos obreros a lo lejos descansando bajos los árboles que debían podar. Llega una señora. Pregunta. Le explicamos. Se une a nuestra espera. En cinco minutos aparece otra dama con su hija. Dice que tiene cita para la 1:00 pm. Me río, me ve con mala cara y finjo tos. Se une a la espera pero en la acera frente a nosotras. La una menos cuarto, es decir, 12:45. Sigo viendo a los obreros a lo lejos. -Es que un Mototaxista se acercó a ellos, intercambió palabras, estacionó la moto y sin quitarse el casco comenzó a ejercitarse en las barras que estaban junto a los árboles-. Me río sola. La señora que antes me miró mal ahora se ríe de mi risa. Me empieza a incomodar lo estrecho del saliente de esa pared. 1:00 (Wow, exclamé en mi mente) Los obreros se alistaron y empezaron a podar las plantas, cortar el césped y a barrer hojas. Si ellos comenzaron a trabajar entonces este “muchacho” lo hará también.
Puedo ser muy ilusa algunas veces y esta fue una de esas. (Frustración número 3)Todos nos incorporamos, la señora con la hija tocó la puerta. Nadie apareció en la puerta. Media hora más de espera. Se nos unió a la espera una señora de uno 60 años con Converse y labios tatuados (o eso parecía), un adulto contemporáneo en shorts y otro sujeto de gruesos bigotes.
Me impacienté, saqué una libreta, un bolígrafo de esos con tinta de varios colores y me dispuse a dibujar. Mentira, solo hice un par de árboles, mi nombre en letra molde, palmer, con la mano izquierda. Respondí unos mensajes de texto. Atendí una llamada. Bam! Sonó la puerta.
Mira la 1:30 y ni cuenta me di. Todos nos levantamos rápidamente e hicimos una cola en orden de llegada. Teníamos cara de felicidad. Apareció el “muchacho” de unos 37 años, regordete y con cara de malos amigos.
El señor de sandalias de hule se apresuraba a entrar cuando el funcionario le tomó por el hombro y dijo: “Un momentico, qué vienen a hacer?”.
Al parecer vamos a pasar calor, hambre y rabia, pensé.
Todos contestamos al mismo tiempo. Cada quien con su propósito. Y el funcionario saltó: “Quienes vienen a hacer solicitudes?”
Unas 4 personas levantamos la mano- si, levantamos porque yo iba a solicitar el documento-
“Las solicitudes se hacen en la mañana”, dijo de un tajo, sin contemplaciones y viendo hacia el final de la fila. (Frustración número cuatro)
No puede ser. ¿Qué pasa? ¿Es muy difícil colocar un letrero con el horario correcto y ese pequeño detalle? Solicitudes en la mañana y retiro en la tarde. Sólo eso. Dos Frases. Con la mitad de una hoja blanca basta. Es más, en un post-it cabe perfectamente.
Solicitudes en la mañana. Yo todavía no salía de mi asombro con la mandíbula desencajada y mirando fijamente al regordete.
Y una señora hizo otra pregunta: “¿Quiero saber si están los libros del año 1958?”
¡Que casualidad! el año de nacimiento de mi mamá. Yo iba por esos libros también, y por los de 1959. Un rayo de esperanza.
Y el “Muchacho” regordete dice: “Los libros de los años 58, 59 y 60 se dañaron. Aquí no están. Le toca ir al Registro Principal en Caracas. Siguiente”
Ya, no podía ser, (Frustración número cinco). Yo solo miraba fijamente al funcionario y repetía en mi mente sus palabras. Solicitudes en la mañana. No están. Registro Principal. Siguiente.
1:45. Camino cabizbaja hacia la parada bajo el sol inclemente, con hambre y lista para tomar otras dos camionetas de regreso.
—————La aventura continúa, espere el próximo Post
*Rollete: gorrito o media panti vieja que se usa como gorrito para proteger el cabello alisado, o algo así.
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